12.2Conducción en condiciones adversas
Qué son las condiciones adversas
Son situaciones del tiempo o del entorno que complican la conducción: lluvia, niebla, nieve, hielo, granizo, viento, sol bajo, calor intenso y nubes de humo o de polvo. También el mal estado del firme, con gravilla o barro.
Todas empeoran una o varias de estas cosas:
- lo que ves y lo bien que te ven;
- la adherencia, que es el agarre de los neumáticos al suelo;
- tu estado físico. El esfuerzo extra te cansa antes, así que con mal tiempo descansa más a menudo (subtema 11.8).
La regla principal: adapta la velocidad
La ley te obliga a adecuar la velocidad al tiempo y al ambiente (subtema 3.1).
Con niebla densa, lluvia intensa, nevada, nubes de polvo o humo, o sobre pavimento deslizante, circula a velocidad moderada y, si hace falta, detente.
Con lluvia intensa, una velocidad inadecuada dispara el riesgo de accidente.
Más distancia de seguridad
La distancia de seguridad con el de delante (subtema 3.4) depende de la velocidad y de la adherencia, así que con mal tiempo siempre tiene que ser mayor:
- con la calzada mojada, la distancia de frenado puede llegar al doble que en seco;
- con hielo, hasta diez veces más;
- con niebla o lluvia fuerte ves tarde lo que pasa delante.
Más separación te da tiempo y espacio para reaccionar y frenar, y así evitas los alcances.
Luces con mal tiempo
Con niebla, lluvia intensa, nevada o nubes de humo o de polvo, también de día, tienes que llevar encendida la antiniebla delantera, la luz de cruce o la de carretera (subtema 7.2).
La antiniebla trasera deslumbra al de detrás. Úsala solo con niebla espesa, lluvia muy intensa, fuerte nevada o nubes densas de polvo o humo. Si ves bien los pilotos del coche de delante, no hace falta.
Ir sin luces con poca visibilidad es una infracción grave.
Si no puedes seguir, detente
A veces llueve tanto, o la niebla es tan cerrada, que ni despacio y con luces puedes seguir con seguridad. Entonces detente y espera a que mejore.
- Busca un lugar donde se pueda estacionar y no corras peligro, fuera de la calzada si es posible.
- Deja encendidas las luces de posición (subtema 7.2).
- Nunca pares en plena calzada, porque el que viene detrás puede no verte a tiempo.
Lluvia: menos agarre y menos visibilidad
Con la calzada mojada, los neumáticos se agarran menos al asfalto. Por eso:
- el vehículo necesita más metros para frenar;
- en las curvas se sale con más facilidad;
- si hay mucha agua, puede aparecer el aquaplaning.
La lluvia también reduce la visibilidad. Hay menos luz, las gotas reflejan los faros, los demás vehículos levantan agua y los cristales se empañan.
Con lluvia, por tanto, toma más precauciones de las habituales, aunque conozcas bien la carretera.
Las primeras gotas son las más peligrosas
El peor momento de la lluvia es cuando empieza, sobre todo tras muchos días secos. El agua se mezcla con el polvo, la arena, el aceite, el gasóleo y los restos de goma del asfalto, y forma un barro fino muy resbaladizo.
Si sigue lloviendo, el agua arrastra esa suciedad hacia las cunetas y el firme agarra algo mejor, aunque nunca como en seco.
Con los primeros copos de nieve pasa lo mismo.
Con lluvia, ver y que te vean
Antes de salir con previsión de lluvia, revisa:
- los neumáticos: presión correcta y dibujo profundo, porque el agua sale por sus canales (subtema 10.3);
- las escobillas del limpiaparabrisas, que deben barrer sin dejar franjas.
Ya en marcha:
- usa el limpiaparabrisas;
- quita el vaho con la climatización dirigida a los cristales y con la luneta térmica;
- lleva limpios cristales, retrovisores, faros, pilotos y matrículas;
- enciende las luces para que te vean.
Cómo conducir bajo la lluvia
Vas por una autovía y empieza a llover con fuerza.
- Reduce la velocidad, y más aún antes de curvas, charcos, asfalto brillante, barro u hojas caídas.
- Aumenta la distancia de seguridad.
- Frena antes de lo normal, de forma suave y mantenida. Un frenazo puede bloquear las ruedas.
- Evita los movimientos bruscos de volante, acelerador y freno.
- Fíjate en los peatones con paraguas o capucha, porque muchas veces no ven el tráfico.
Charcos y balsas de agua
Atención a los badenes y a las zonas bajas, donde se acumula el agua. Si ves un charco, esquívalo o déjalo entre las ruedas, si puedes hacerlo sin peligro.
Si tienes que pasar por él:
- Reduce la velocidad antes de llegar.
- Crúzalo con el acelerador estable, sin acelerones, frenazos ni volantazos.
- Sujeta bien el volante. Si el agua toca solo las ruedas de un lado, el coche tirará hacia el charco.
Cerca de peatones o ciclistas, ve más despacio para no salpicarles.
Tramos inundados
Antes de entrar en un tramo cubierto de agua, tienes que saber dos cosas:
- si el agua está quieta o corre, porque la corriente empuja el vehículo con mucha fuerza, y más cuanto más rápida va;
- qué profundidad tiene.
Si no lo sabes, si el agua corre con fuerza o si llega a la carrocería, no pases, aunque lleves un todoterreno. Busca otro camino o espera.
Frenos mojados
Cuando se mojan, los frenos pierden eficacia (subtema 10.2). Mientras llueve, comprueba de vez en cuando que responden.
Después de un charco o una zona inundada, lo primero es comprobar los frenos. Mira que nadie te siga de cerca y pisa el pedal varias veces, con suavidad y sin intención de frenar. El roce los calienta y los seca.
El agua solo resta algo de eficacia. Si con la calzada muy mojada necesitas pisar el pedal a fondo para frenar, la causa principal será un fallo del sistema de frenos.
Qué es el aquaplaning
El aquaplaning aparece cuando en la calzada hay más agua de la que el dibujo del neumático puede expulsar. El agua se acumula delante de la rueda como una pequeña ola, la levanta y el neumático deja de tocar el asfalto.
En ese momento se pierde la adherencia:
- giras el volante y el coche sigue recto;
- si pisas el freno, las ruedas pueden bloquearse;
- el coche deja de obedecer.
Puede pasar en un charco grande o en una capa de agua que apenas se ve.
Cuándo hay más riesgo de aquaplaning
El riesgo crece con:
- la velocidad, porque el neumático tiene que expulsar más agua en menos tiempo;
- la cantidad de agua: lluvia intensa, charcos o una capa de agua sobre la calzada;
- un pavimento que drena mal;
- neumáticos desgastados, con poca presión o muy anchos;
- amortiguadores en mal estado.
Con lluvia intensa puede aparecer aunque lleves los neumáticos en buen estado, sobre todo a velocidad elevada. Afecta a todos los vehículos, también a las motos.
Cómo evitar el aquaplaning y qué hacer si aparece
Para evitarlo, lleva los neumáticos bien inflados y con dibujo suficiente. Con lluvia o charcos, baja a una velocidad que permita a los neumáticos expulsar el agua y pisar firme.
Si aparece, notarás la dirección muy ligera y que el coche no responde.
- Sujeta el volante recto, sin giros bruscos.
- No frenes a fondo.
- Suelta el acelerador con suavidad para perder velocidad.
- Cuando las ruedas vuelvan a agarrar, recupera el control.
Adelantar con lluvia
Al adelantar a un camión o a un autobús con la calzada mojada, sus ruedas lanzan agua y barro contra tu parabrisas. Durante unos segundos puedes quedarte casi sin ver.
Antes de adelantar:
- ten el limpiaparabrisas funcionando;
- asegúrate de que tienes espacio de sobra, porque frenarás peor;
- desiste si la lluvia o la niebla no te dejan ver bien la carretera.
Granizo
Una granizada fuerte reduce mucho la visibilidad, y el granizo acumulado sobre la calzada resbala como el hielo.
- Baja la velocidad soltando el acelerador.
- Evita pisar el freno, y si tienes que frenar, hazlo con suavidad.
- Aumenta la distancia de seguridad.
- Enciende las luces.
- Si la granizada no te deja seguir, detente en un lugar seguro fuera de la calzada.
Qué provoca la niebla
La niebla son gotas de agua diminutas suspendidas en el aire. Afecta a la conducción de varias formas:
- reduce mucho la visibilidad y te hace calcular mal distancias y velocidades;
- moja el asfalto, así que los neumáticos agarran menos aunque no llueva;
- empaña los cristales por dentro y por fuera;
- cansa la vista, y la monotonía baja tu nivel de alerta.
Cómo conducir con niebla
- Reduce la velocidad hasta poder parar dentro de la zona que ves.
- Deja más distancia, porque del coche de delante solo ves los pilotos.
- Usa la luz de cruce y la antiniebla delantera. La de carretera rebota en las gotas y deslumbra.
- Guíate por las marcas viales.
- No adelantes si no ves bien la carretera.
- Ventila para que no se empañen los cristales.
- Frena, acelera y gira con suavidad.
Con nubes de humo o de polvo, actúa igual.
Nieve: menos agarre y menos visibilidad
Con nieve todo es más difícil que con lluvia:
- el agua está helada y los neumáticos agarran todavía menos;
- los copos son opacos y reflejan más los faros;
- la nieve puede tapar señales y marcas viales.
La nieve recién caída que se derrite resbala como el asfalto mojado, y la pisada o helada, como el hielo. En el deshielo, con agua, nieve y hielo juntos, la calzada resbala muchísimo.
Si una gran nevada tapa las señales y no conoces la vía, no circules.
Niveles de circulación con nieve
Puedes verlos en la señal .
| Nivel | Qué implica |
|---|---|
| Verde | Recomendado: hasta 100 km/h en autopista o autovía y 80 km/h en el resto. Camiones de más de 3.500 kg, por la derecha y sin adelantar |
| Amarillo | Turismos y autobuses, máximo 60 km/h. No pasan camiones de más de 3.500 kg ni articulados |
| Rojo | Solo con cadenas o neumáticos especiales, máximo 30 km/h. No pasan camiones, autobuses ni articulados |
| Negro | Vía cerrada |
S-21
Nieve en autopistas y autovías
Cuando la nieve dificulta la circulación en una autopista o autovía:
- está prohibido adelantar;
- hay que circular por el carril de la derecha; con tres o más carriles por sentido, también se puede usar el contiguo;
- los demás carriles de la izquierda quedan libres para los quitanieves y los vehículos de emergencia.
Fíjate también en los vehículos parados en el arcén. Si tienes que inmovilizar el tuyo, arrímalo todo lo posible al borde.
Antes de viajar con nevadas
Si se prevén nevadas, infórmate del tiempo y del estado de las carreteras. Con nivel rojo, o con nivel amarillo que puede empeorar, aplaza el viaje. Si sales, evita la noche y prepárate por si te quedas bloqueado durante horas:
- el depósito lleno, para poder usar la calefacción;
- las cadenas;
- ropa de abrigo, agua, comida y una linterna.
Si quedas atrapado, pide ayuda. Deja el vehículo solo para ir a un lugar más seguro.
Cadenas para nieve
- Dónde: al menos en las ruedas motrices, una a cada lado. Lo ideal, en las cuatro.
- Cuándo: con la calzada ya nevada y antes de que el coche patine. Ponlas donde no molestes ni corras peligro.
- Obligación: si lo ordena una señal, como la , o un agente, y siempre que los neumáticos no se agarren bien.
- Después: a los pocos metros, vuelve a tensarlas. Con cadenas, ve despacio.
Los neumáticos de invierno con una montaña de tres picos y un copo (3PMSF) sustituyen a las cadenas; los que solo llevan M+S, no (subtema 10.3).
R-412
Arrancar sobre nieve
Al arrancar sobre nieve, las ruedas tienden a patinar y a hundirse. Para evitarlo, manda poca fuerza a las ruedas.
- Pon las ruedas rectas.
- Mete la marcha más larga que permita arrancar, normalmente la segunda o incluso la tercera.
- Suelta el embrague muy despacio y acelera con suavidad y de forma constante.
- No gires el volante hasta que el coche se mueva.
- Si se hunden, mueve el coche un poco atrás y luego adelante para salir del hoyo.
Circular sobre nieve: todo con suavidad
En cuanto empiece a nevar, baja a una velocidad moderada. Sobre nieve el mayor peligro es la falta de adherencia, y un movimiento brusco basta para derrapar.
- Acelera con suavidad.
- Frena con mucho tacto y con antelación, porque un frenazo bloquea las ruedas.
- Mueve el volante sin brusquedad y evita los cambios repentinos.
- Ve despacio, pero en la marcha más larga posible. Así llega menos fuerza a las ruedas motrices y patinan menos.
- Aumenta la distancia de seguridad.
Las rodadas en la nieve
Las rodadas son las huellas de los vehículos que pasaron antes. Por regla general, ve por dentro de ellas, sobre todo en curvas y con mucha nieve:
- el coche avanza con menos resistencia y va encauzado;
- si la nieve se ha derretido con el paso de los vehículos, el neumático toca el asfalto y agarra mejor.
Hay dos excepciones. Si el fondo está helado, agarra menos que la nieve compacta. Si la huella es muy honda, la nieve roza los bajos y frena el coche.
Cuestas con nieve
Para subir:
- ve despacio y a velocidad constante, porque si intentas recuperar la velocidad perdida las ruedas patinan;
- usa la marcha más larga posible y no la cambies en la pendiente;
- evita detenerte, porque volver a arrancar en plena cuesta es muy difícil.
Para bajar, también con placas de hielo:
- reduce la velocidad antes de empezar la bajada;
- ve despacio, en primera o segunda, para que el motor retenga y frenes poco;
- si frenas, hazlo con mucha suavidad y antelación para no bloquear las ruedas.
Ver bien cuando nieva
Los limpiaparabrisas no barren todo el cristal, y la nieve se acumula en las ventanillas, los faros y los pilotos. Detente cuantas veces haga falta, en un lugar seguro, y quítala.
Cuando sale el sol después de una nevada, su reflejo en la nieve molesta mucho y puede dañar la vista. Lleva gafas de sol.
Dónde puede haber hielo
El hielo es difícil de ver a tiempo. Con frío y humedad la calzada puede helarse, sobre todo de noche y de madrugada. Vigila:
- los lugares de sombra;
- las zonas húmedas o cercanas a ríos;
- los puentes y pasos elevados, y la calzada bajo ellos;
- los badenes.
Avisan de hielo los vehículos lentos o con cadenas, las señales de calzada deslizante, un termómetro exterior bajo o una dirección muy ligera. En un puerto, si la subida está húmeda, puede haber hielo en la bajada.
Cristales con hielo
Después de una helada, los cristales pueden aparecer cubiertos de hielo o de escarcha. No inicies la marcha hasta que veas bien por todos ellos.
- Arranca el motor y dirige la calefacción y el desempañado a los cristales.
- Quita el hielo de todos: parabrisas, ventanillas, luneta y retrovisores.
- Usa un rascador que no raye, o espera a que actúe el desempañado.
Si hay hielo en los cristales, puede haberlo también en la calzada.
Conducir sobre hielo
El hielo deja los neumáticos casi sin agarre.
- Ve tan despacio que no tengas que frenar.
- En llano, usa la marcha más larga posible para que las ruedas no patinen.
- Frena y acelera con cuidado, y solo cuando haga falta.
- Deja mucha más distancia y no des volantazos.
- Sin ABS, evita pisar el freno, porque las ruedas se bloquearían enseguida.
Si notas que las ruedas patinan, levanta el pie del acelerador sin frenar.
Más adherencia sobre hielo
Sobre una calzada helada puedes mejorar la adherencia con:
- cadenas;
- neumáticos de clavos, que solo sirven para hielo y nieve porque en otras superficies dañan el pavimento;
- neumáticos de invierno (subtema 10.3).
Aun así tendrás mucha menos adherencia que en seco.
El viento según de dónde sopla
| Viento | Efecto |
|---|---|
| De frente | Frena el vehículo y aumenta el consumo. Rara vez es peligroso |
| Por detrás | Empuja y reduce el consumo. Puedes entrar en las curvas más rápido de lo que crees y necesitar algo más de espacio para frenar |
| De costado | Es el peligroso. Puede desviarte, sacarte de la vía o hacer volcar el vehículo |
Aunque el viento sople siempre igual, en cada curva te da por un lado distinto.
A quién afecta más el viento lateral
- Las motos y los ciclomotores son los más afectados. Con viento de costado y a rachas, la moto puede ser arrastrada hacia un lado y caer.
- Furgonetas, autocaravanas y autobuses tienen el centro de gravedad más alto y ofrecen más superficie al viento. Son más inestables que un turismo y pueden volcar. Con una furgoneta, extrema la precaución.
- Un remolque o la carga en la baca restan estabilidad. Con remolque, reduce aún más la velocidad, y si no necesitas la baca, quítala.
Viento lateral fuerte: qué hacer
- Reduce la velocidad según la fuerza del viento. Así el vehículo se asienta y agarra mejor.
- Elige una marcha adecuada a esa velocidad, corta si hace falta.
- Sujeta el volante con firmeza, sin rigidez, y corrige girando contra el viento: hacia la izquierda si sopla de la izquierda, hacia la derecha si sopla de la derecha.
- Cierra las ventanillas para que no entren polvo ni objetos.
- Atención a ramas, árboles o piedras caídas.
Rachas de viento
El viento a rachas es más peligroso que el constante, porque aparece, cambia o cesa de golpe. Ocurre mucho al salir de un túnel, en puentes y valles, entre taludes, edificios o árboles y al cruzarte con un vehículo grande.
Por ejemplo, vas corrigiendo el volante contra el viento y de pronto un talud lo corta. El coche se va bruscamente hacia el talud.
Para anticiparte, mira cómo se mueven los árboles y los demás vehículos, y fíjate en la señal , de viento transversal.
P-29

Adelantar a un vehículo grande con viento lateral
Adelantas a un camión con viento fuerte por la derecha y llevas el volante algo girado a la derecha para compensarlo.
- Al ponerte a su altura, el camión hace de pantalla. Como sigues corrigiendo, tu coche se va de golpe hacia él.
- Al dejarlo atrás, el viento vuelve a empujarte de lado y puedes salirte de la calzada.
A una autocaravana le pasa lo mismo. Reduce la velocidad, deja de corregir mientras vas en paralelo y vuelve a hacerlo al rebasarlo.
Ciclistas con lluvia o viento
La bicicleta es un vehículo inestable. Con lluvia patina con más facilidad y aumentan las caídas. Con viento, sobre todo a rachas, el ciclista puede cambiar de trayectoria de repente.
Cuando llueve o hace viento y hay ciclistas en la vía:
- extrema la precaución y reduce la velocidad al acercarte;
- déjales más espacio al adelantarlos.
En moto con mal tiempo
En moto, con lluvia, viento o hielo es más fácil caerse, sobre todo tras un movimiento brusco.
- Con lluvia, las marcas viales resbalan mucho y la distancia de frenado aumenta.
- Ante agua, gravilla, barro, hielo, aceite o un bache que no puedes evitar, reduce antes la velocidad y pasa con la moto vertical, sin acelerar, frenar ni girar de golpe.
- Frena con suavidad y antelación, nunca sobre las líneas pintadas ni con la moto inclinada.
El sol bajo
El sol deslumbra sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando está bajo. También molestan sus reflejos en el asfalto mojado, la nieve o el parabrisas. Con ese brillo cuesta distinguir los vehículos y lo que pasa alrededor.
- Lleva el parabrisas limpio, baja el parasol y usa gafas de sol.
- Si aun así no ves bien, reduce la velocidad o detente fuera de la calzada.
Antes de un viaje, elige la hora de salida para no llevar el sol bajo de frente.
El calor al volante
Conducir con mucho calor es un riesgo claro. El sueño y la fatiga llegan antes, tardas más en reaccionar y puedes volverte más agresivo. Un habitáculo caliente y mal ventilado lo empeora.
En un viaje largo con mucho calor, descansa más a menudo de lo habitual (subtema 11.8).
Gravilla en la calzada
La gravilla suelta reduce la adherencia, sobre todo al frenar y en las curvas. Además, las ruedas del vehículo de delante pueden lanzar piedras contra tu parabrisas.
- Aumenta la separación con el vehículo que te precede.
- Modera la velocidad para no lanzar tú piedras a los demás.
- Frena y gira con suavidad.
Si una piedra golpea el parabrisas, mantén la calma. Lo normal es que solo deje una marca o una pequeña grieta.
Atascado en el barro
Si las ruedas motrices patinan en el barro, acelerar más solo las hunde.
- Deja de acelerar en cuanto notes que patinan.
- Coloca junto a las ruedas motrices, hacia donde vas a salir, piedras, ramas o tablas que den agarre.
- Arranca igual que sobre nieve.
- Si no sale, que bajen los pasajeros para quitar peso.
Tramos en obras
Las obras y tareas de conservación que alteren la circulación deben estar señalizadas tanto de día como de noche. Por la noche, o cuando el tiempo lo exija, además tienen que llevar balizas luminosas. De todo ello se encarga quien realiza la obra.
Al llegar a un tramo en obras, modera la velocidad y sigue su señalización.
Obstáculos y resaltos
Quien cree un obstáculo o un peligro en la vía debe retirarlo lo antes posible y, mientras tanto, señalizarlo (subtema 13.4).
Los resaltos de los pasos para peatones y las bandas transversales no son obstáculos, siempre que cumplan la normativa y garanticen la seguridad de los usuarios, sobre todo de los ciclistas.
Curvas y fuerza centrífuga
En una curva, la fuerza centrífuga empuja el vehículo hacia fuera, y la adherencia de los neumáticos lo sujeta. Esa fuerza es mayor:
- cuanto más rápido vas: al doble de velocidad, cuatro veces más fuerza;
- cuanto más pesa el vehículo;
- cuanto más cerrada es la curva, es decir, cuanto menor es su radio.
Si supera la adherencia, el vehículo se sale. En una curva a la izquierda tomada demasiado rápido, se va hacia la derecha. Con firme mojado o helado, ese límite llega antes.
Cómo tomar una curva
- Antes de entrar, frena en la recta y elige la marcha adecuada.
- Dentro, mantén una velocidad casi constante y una trayectoria uniforme, sin frenar ni dar volantazos.
- A la salida, endereza poco a poco y acelera con suavidad.
Frenar fuerte en plena curva es peligroso. El peso se carga sobre unas ruedas y descarga otras, y las que quedan con poco apoyo pueden bloquearse y hacer derrapar el vehículo.
Qué es un derrape
Un vehículo derrapa cuando sus ruedas pierden la adherencia y se desplaza de lado sin que el conductor pueda controlarlo. Casi siempre lo provoca el conductor, al pedir más de lo que permite la adherencia:
- con un frenazo brusco, que bloquea las ruedas;
- con un volantazo o un giro excesivo;
- con un acelerón, sobre todo en marcha corta o en plena curva.
El firme mojado, la nieve, el hielo, la gravilla o las hojas reducen ese margen. Anticípate a esos tramos y conduce con suavidad.

Si derrapan las ruedas traseras
Vas girando a la derecha sobre una calzada resbaladiza y notas que la parte trasera se va hacia la izquierda.
- No frenes. Si el derrape empezó por un frenazo, suelta el freno.
- Si estabas acelerando, suelta el acelerador con suavidad.
- Gira el volante hacia el mismo lado al que se va la parte trasera, en este caso hacia la izquierda. Hazlo en la medida justa, sin pasarte, y endereza cuando el coche recupere la trayectoria.
Si las ruedas delanteras no agarran
En una curva notas que el coche gira menos de lo que marcas con el volante y tiende a irse hacia fuera. Las ruedas delanteras han perdido parte de la adherencia.
Lo primero es soltar el acelerador y no tocar el freno. Al dejar de acelerar, el peso pasa hacia delante, las ruedas delanteras se apoyan más y recuperan adherencia. Entonces el coche vuelve a obedecer al volante.
Girar más el volante no ayuda, porque unas ruedas sin adherencia no cambian la trayectoria.
La carga y la frenada en bajada
Cuanta más masa lleva un vehículo, más energía tiene a la misma velocidad y más le cuesta frenar (subtema 11.1). En una bajada, además, la pendiente lo empuja hacia abajo.
Por eso, en bajada, un vehículo frena mejor vacío que cargado. Si vas cargado, empieza a frenar antes y deja que el motor retenga el vehículo (subtema 10.2).