Theory

Theory textbook, road signs, key terms, fines and official sources.

11 · El conductor y los factores de riesgo

11.8La fatiga

Chapter 63 of 80 · 20 sections

1

Qué es la fatiga

La fatiga es una pérdida gradual de la capacidad de respuesta. Aparece cuando haces la misma tarea durante mucho tiempo. Al volante, con las horas rindes cada vez peor, aunque al principio no lo notes.

Puede ser física, con el cuerpo cargado y dolorido, o mental, cuando te cuesta concentrarte. Muchas horas seguidas al volante pueden tener efectos parecidos a los de una tasa alta de alcohol.

Fatiga y sueño son cosas distintas, pero suelen ir juntas. La somnolencia se explica en el subtema 11.7.

2

La causa principal: demasiado tiempo al volante

La fatiga aparece sobre todo cuando conduces durante periodos largos sin parar, o parando muy poco. Cuanto más tiempo sigues sin descansar, más peligrosa se vuelve tu conducción.

Vas de Madrid a Valencia y solo paras cinco minutos para echar gasolina. Esa parada no te recupera. Al cabo de unas horas reaccionas más tarde y cometes más errores, aunque te sientas capaz de seguir.

Hay circunstancias de la vía, del vehículo y del propio conductor que adelantan la fatiga. Casi siempre se suman varias.

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El tráfico y la vía

Todo lo que te obliga a ir más atento o hace el viaje más incómodo te cansa antes.

  • Tráfico denso, atascos y retenciones. Frenas, arrancas y vigilas sin parar.
  • Una carretera que no conoces. Buscas señales y salidas todo el rato.
  • Firme en mal estado. El coche vibra mucho, vas más incómodo y pendiente de baches y grietas.

Cansa una carretera monótona, y también una con demasiados estímulos.

4

El mal tiempo y la noche

Con niebla, lluvia o nieve ves peor y tienes que vigilar mucho más. Ese esfuerzo extra favorece la fatiga. Los cambios de luz del amanecer y del atardecer también te exigen más atención. Cómo protegerte del sol bajo se explica en el subtema 12.2.

De noche la fatiga llega antes, sobre todo si la vía está mal iluminada o tus faros están sucios o mal regulados. Tienes que forzar la vista para ver los bordes de la carretera.

5

El vehículo también cansa

Un coche incómodo o en mal estado hace que la fatiga llegue antes. La favorecen:

  • un asiento mal diseñado, o mandos e indicadores difíciles de usar y de leer;
  • defectos en la dirección o en la suspensión;
  • las vibraciones y el ruido excesivo del motor;
  • la mala ventilación, el humo de tabaco o los gases del escape dentro del habitáculo;
  • una temperatura elevada en el interior.

Ventila bien el coche.

6

Conducir con calor

Con calor el sueño y la fatiga aparecen antes, tardas más en reaccionar y te vuelves más agresivo con los demás.

En días de mucho calor, extrema las precauciones:

  • pon el aire acondicionado y mantén el interior entre 20 y 23 grados;
  • haz más descansos de lo habitual;
  • bebe agua o zumos en las paradas;
  • lleva ropa clara, ligera y amplia;
  • ten especial cuidado después de comer, porque es fácil que te entre sueño.
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La postura al volante

Una postura inadecuada en el asiento aumenta la fatiga. Si vas demasiado cerca del volante, fuerzas el cuerpo en cada movimiento. Si vas demasiado lejos, tienes que inclinarte hacia delante y despegar la espalda del respaldo. Ir casi tumbado, demasiado relajado, además te da sueño.

Ajusta el asiento antes de arrancar (subtema 9.2).

Si al final del viaje te duelen la espalda o el cuello, o notas los músculos rígidos, probablemente tu postura no era buena.

8

Cómo llegas al coche

Tu estado al empezar el viaje influye mucho en la fatiga. Te cansas antes si:

  • tienes hambre o sueño;
  • has hecho una comida copiosa;
  • has bebido alcohol, aunque sea poco, porque la fatiga agrava sus efectos;
  • vienes de una jornada de trabajo o de un esfuerzo físico intenso;
  • estás estresado, preocupado o acabas de tener un disgusto;
  • no te encuentras bien de salud;
  • vas a conducir de noche y no tienes costumbre.

Sal descansado. Si no lo estás, retrasa la salida o deja conducir a otra persona.

9

Ir en tensión todo el rato

Mantener una concentración muy alta durante mucho tiempo agota. Pasa sobre todo en dos casos.

  • Velocidad excesiva o prisa. A mucha velocidad, o con prisa por cumplir un horario, todo pasa más deprisa y vas en tensión (subtema 11.10).
  • Poca experiencia. El novel todavía piensa cada paso, así que se fatiga antes (subtema 11.2).
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Las señales de aviso

El cuerpo avisa antes de que la fatiga sea grave. Fíjate en estas señales, en ti o en quien conduce:

  • bostezos y estiramientos;
  • parpadeas más veces y cada parpadeo dura más;
  • cambias de postura a menudo, te mueves constantemente en el asiento o te rascas;
  • te duelen la nuca y la espalda, o notas el cuerpo pesado;
  • tienes hormigueos, picores o calambres en brazos y piernas;
  • sientes presión en la cabeza o en las sienes;
  • cantas, silbas o tamborileas con los dedos sin darte cuenta.
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La vista y el oído

La fatiga altera los dos sentidos que más usas al conducir.

  • Vista. Ves borroso, te cuesta enfocar y distingues peor los detalles. Los párpados se quedan medio cerrados, una señal de que el sueño se acerca. Con fatiga extrema puedes ver brillos, sombras o deformaciones de la carretera que no existen.
  • Oído. Puedes oír peor y no captar sonidos del tráfico, como una sirena que se acerca. Otras veces pasa lo contrario, y un ruido normal, como un claxon, te sobresalta y frenas de golpe.
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Los músculos y los movimientos

La fatiga también altera tu movilidad. Los músculos se agarrotan porque no están relajados, y los movimientos se vuelven lentos y poco precisos. La conducción se vuelve más peligrosa.

Además, haces menos maniobras de las necesarias. Corriges menos la dirección y retrasas los cambios de marcha.

Vas por una recta larga y te das cuenta de que llevas un rato sin mover apenas el volante, mientras el coche se acerca poco a poco a la línea. Esa falta de correcciones es un síntoma típico de fatiga.

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Atención, decisiones y reacción

La fatiga afecta a toda la cadena de percibir, decidir y actuar.

  • Te concentras peor y te distraes con más facilidad y más a menudo.
  • Te cuesta atender a dos cosas a la vez, por ejemplo a una señal y a las marcas viales.
  • Interpretas mal lo que hacen los demás o lo que indica una señal.
  • Los errores aumentan mucho y decides peor.
  • Tu capacidad de reacción baja. Cuanto más fatigado estás, mayor es tu tiempo de reacción y más metros recorres antes de empezar a frenar.
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Conducción pasiva y más riesgos

Con la fatiga llega la desgana. Conduces de forma mucho más pasiva y automática. Miras menos a tu alrededor, apenas te fijas en las señales y tiendes a mirar solo el borde derecho de la carretera.

También cambia tu comportamiento. Eres menos crítico contigo mismo y aceptas riesgos que descansado no correrías. Son frecuentes la ansiedad, la irritabilidad y la agresividad con otros conductores.

Llevas cuatro horas al volante y adelantas a un camión sin espacio suficiente porque quieres llegar ya.

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La hipnosis de la carretera

Es un estado de adormecimiento con lapsos de atención, también llamado hipnosis de la autopista. Aparece tras muchas horas por vías monótonas o muy conocidas, como una autovía recta con poco tráfico. Conduces en automático y no notas a tiempo que el coche de delante frena. Provoca salidas de la vía y alcances.

De noche es más fácil, por la repetición de los haces de luz y por mirar fijamente la zona iluminada.

Para evitarla, mueve la vista, cambia de velocidad de vez en cuando si es seguro, ventila el coche y descansa.

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Planifica el viaje

Antes de un viaje largo, decide dónde y cuándo vas a parar. Busca las áreas de servicio y de descanso de tu ruta. En autopistas y autovías está prohibido parar fuera de las zonas habilitadas, y las salidas pueden estar lejos unas de otras.

Si puedes, reparte la conducción con otra persona.

Ten especial cuidado en los viajes de fin de semana, puentes y vacaciones si no sueles conducir muchas horas.

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Cada 2 horas o cada 200 kilómetros

La regla general es parar a descansar cada 2 horas al volante o cada 200 kilómetros, lo que llegue antes. Para al menos 20 minutos; lo recomendado es entre 20 y 30. Hazlo aunque no te sientas cansado, porque la fatiga avanza sin que te des cuenta.

Descansa con más frecuencia si:

  • hay niebla, lluvia intensa o nieve;
  • hay mucho tráfico;
  • conduces de noche;
  • ya estabas cansado al salir;
  • tienes poca experiencia o edad avanzada.
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Qué hacer en la parada

Aprovecha bien cada descanso:

  • sal del coche y da un pequeño paseo para tomar el aire y estirar las piernas;
  • bebe agua o zumo, en la parada y no mientras conduces, para no distraerte;
  • si tienes hambre, come algo ligero; ir sin comer cansa y una comida copiosa da sueño;
  • no tomes alcohol;
  • si tienes sueño, duerme un rato antes de seguir.
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Al primer síntoma, para

En cuanto notes fatiga o sueño, busca un lugar seguro, estaciona y descansa el tiempo que necesites. Solo el descanso y el sueño quitan la fatiga. No sigas «un poco más», porque el sueño puede llegar de un momento a otro.

Si continúas, los síntomas a veces mejoran un rato. Esa mejoría engaña y al final el cuerpo se agota.

Abrir la ventanilla o subir la música no quita la fatiga, y el café solo la tapa un rato. Si el detector de fatiga del coche te avisa, para (subtema 10.5).

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Trampas del examen

Si lees…Lo correcto
Correcciones del volanteDisminuyen, porque conduces de forma más pasiva
Tiempo de reacciónAumenta con la fatiga; la capacidad de reacción baja
OídoLa sensibilidad auditiva puede disminuir
Conductor novelSe fatiga antes que el experto
Firme en mal estadoSí influye: vibra, es más incómodo y exige más atención
DescansosCada 2 horas o 200 km para todos, aunque no notes cansancio
Mal tiempoDescansos más frecuentes
Café, música, ventanillaNo quitan la fatiga